Prof. Dra. Tamara Galonja Coghill; profesor titular en la Facultad de Economía y Gestión de Ingeniería FIMEK - Novi Sad; República de Serbia
La hipersensibilidad electromagnética ("intolerancia ambiental idiopática", Rubin et al, 2010) se caracteriza por síntomas subjetivos después de la exposición a manifestaciones eléctricas (Palmquist et al., 2014). Estos síntomas son diversos y hasta el momento no ha sido posible clasificarlos con precisión en relación con las características del campo que los causan (Roosli, 2008).
El umbral de sensibilidad y el tipo de reacción ante diferentes estímulos son características individuales de los sistemas biológicos (Schrottner et al, 2007). En el caso de la hipersensibilidad electromagnética humana, se trata de síntomas subjetivos, que se manifestarán en determinadas personas al utilizar o permanecer cerca de dispositivos eléctricos (Graham et al., 1998). Los síntomas más típicos son erupción cutánea, cambios en la función del sistema nervioso, dolor de cabeza, ansiedad, neurastenia (Bergquist y Vogel, 1997).
Hasta la fecha se han realizado varias pruebas de provocación en personas con EHS (síndrome de hipersensibilidad electromagnética). Los primeros estudios estuvieron impulsados principalmente por la idea de confirmar la existencia de EHS. Así, un estudio pionero de Reo et al. (1991) encontraron resultados positivos en sólo el 16% de los encuestados. Por otro lado, Johansson et al. (1994) crearon un experimento en el que dos sujetos, que asocian los cambios en la piel con la radiación, se colocan frente a una pantalla de televisión. Los resultados de la biopsia mostraron que al final del período de exposición, las células positivas para somatostatina desaparecieron. Después de examinar los aspectos psicosociales y neurofisiológicos de 20 pacientes con EHS, Hannsen Mild et al. (1998) concluyeron que la EHS es un problema multifactorial.
Johansson (2004), que con un equipo de colaboradores del Instituto Karolinska ha estado examinando este conjunto de síntomas durante varios años, clasifica la hipersensibilidad electromagnética igualmente en la categoría de todas las demás hipersensibilidades reconocidas a estímulos de cualquier naturaleza, destacando en este caso las reacciones cutáneas y mucosas como alarmantes primarias.
Medición del cortisol plasmático como cuantificador de los niveles de estrés, Selmaoui et al. (1997) presentan resultados que muestran la ausencia de cambios en los valores medidos después de una exposición aguda a un campo magnético.
Lonne-Rahm et al. (2000) examinaron veinticuatro personas, que afirmaban tener síntomas de EHS, exponiéndolas a radiación de pantalla en situaciones de alto y bajo estrés. Después de la exposición, se realizaron análisis exhaustivos de los sujetos expuestos, que incluyeron análisis de sangre de los niveles de hormonas del estrés (melatonina, prolactina, hormona adrenocorticotrópica, neuropéptido Y y hormona del crecimiento), análisis de expresión de varios péptidos, marcadores celulares y citocinas, así como análisis de biopsias de piel. La conclusión general del estudio es que los pacientes no reaccionaron a los campos a los que fueron expuestos. Steuckenius y Brugger (2000) opinaron que la hipersensibilidad electromagnética "refleja la tendencia humana a asumir una conexión entre el propio estado orgásmico y variables (objetivamente no relacionadas) en el entorno externo". Llegaron a esa conclusión
después de un estudio experimental realizado en cuarenta varones sanos. La variedad de interpretaciones de las causas y síntomas de la hipersensibilidad electromagnética se refleja en los resultados del estudio de Anttil (2000), quien considera que las causas de los síntomas deben buscarse en el mundo de los hongos. Dado que las micotoxinas son biológicamente muy activas y los representantes del reino de los hongos que producen micotoxinas están presentes en los sistemas de ventilación y en otros lugares, el autor los considera las causas reales de los llamados hongos. EHS.
La hipersensibilidad electromagnética, que se describe mediante un conjunto de síntomas subjetivos, que van desde sensaciones desagradables hasta trastornos fisiológicos, es extremadamente difícil de definir con precisión. Es decir, la falta de un marcador fisiopatológico supone un obstáculo para el examen y definición precisa de este conjunto de trastornos. Como la sensación de debilidad general es uno de los síntomas más comunes, Hillert et al. (2001) investigaron la naturaleza y posible etiología de este trastorno probando la hipótesis de cambios en la actividad de la colinesterasa como su causa. Después de examinar a los sujetos tres veces, los autores no encontraron una disminución significativa en los niveles de colinesterasa en el momento de la manifestación más intensa del síntoma examinado y concluyeron que la debilidad atribuida a los campos electromagnéticos no es de naturaleza física.
Los resultados de un estudio comparativo en 14 sujetos con síntomas de EHS y 14 sujetos de control, durante el cual se monitorearon tres parámetros: ECG, frecuencia cardíaca y variaciones de la frecuencia cardíaca durante 24 horas, no mostraron diferencias en los dos primeros parámetros monitoreados. En el tercer parámetro, se observaron diferencias en la relación LF/HF (baja y alta frecuencia), que es mayor en individuos con síntomas de EHS, lo que indica una mayor actividad simpática (Sandstrom et al., 2001).
Los estudios que indican la existencia de hipersensibilidad electromagnética interpretan los resultados de las pruebas con mucha cautela. Entonces Szemerszky et al. (2015) concluyeron que las personas con síntomas de EHS pueden tener una capacidad baja para detectar campos magnéticos. Eltiti et al. (2007) en un provocativo estudio investigaron la posibilidad de que la exposición a corto plazo a las señales de las estaciones base de telefonía móvil provoque la intensificación de los síntomas de hipersensibilidad electromagnética. Aunque encontraron una conexión subjetiva positiva (un sentimiento personal de excitación, que no va acompañado de cambios fisiológicos mensurables), tendieron a no atribuir los efectos inducidos a la exposición a la radiación en sí.
Dado que hasta ahora no se ha identificado un solo organismo que sea insensible a los campos electromagnéticos (Coghill, R., Galonja Coghill, T., 2000), la idea de que esta sensibilidad no puede variar en intensidad y que está evolutivamente destinada a no ir más allá del rango de la insignificancia biológica, es ilógica y absurda.
HIPERSENSIBILIDAD ELECTROMAGNÉTICA
Prof. la doctora Tamara Galonja Coghill; Profesor, Facultad de Economía y Gestión de Ingeniería FIMEK-Novi Sad; Repúblicas Serbia
La hipersensibilidad electromagnética ("intolerancia ambiental idiopática", Rubin et al., 2010) se caracteriza por síntomas subjetivos después de la exposición a eventos eléctricos (Palmquist et al., 2014). Estos síntomas son diversos y hasta el momento no ha sido posible clasificarlos con precisión respecto a las características de los campos que los causan (Roos, 2008).
El umbral y el tipo de reacciones a diferentes estímulos son características individuales de los sistemas biológicos (schröttner et al, 2007). En el caso de la hipersensibilidad electromagnética humana, se trata de síntomas subjetivos, que se manifestarán en determinadas personas al utilizar o estar cerca de todos los aparatos eléctricos (Graham et al., 1998). Los síntomas más típicos son erupción cutánea, modificación de las funciones del sistema nervioso, dolor de cabeza, ansiedad, neurastenia (Bergquist y Vogel, 1997).
Hasta la fecha se han realizado más pruebas en personas provocativas con EHS (síndrome de hipersensibilidad electromagnética - síndrome de hipersensibilidad solenoide). Los primeros estudios se guiaron principalmente por la idea de confirmar la existencia de EHS. Se trata de estudios pioneros de Rea et al. (1991) encontraron resultados positivos en sólo el 16% de los encuestados. Por otro lado, Johansson et al. (1994) crearon un experimento en el que dos sujetos (cambios en la piel asociados con la radiación) se colocaron frente a una pantalla de televisión. Los resultados de la biopsia mostraron que al final del período de provocación las células positivas para la somatostatina desaparecieron. Después de las pruebas y los aspectos psicosociales de 20 pacientes neurofisiológicos con EHS, Hanssen Mild et al. (1998) concluyeron que el problema multifactorial de EHS.
Johansson (2004), quien con un equipo de colaboradores del Instituto Karolinska investiga desde hace varios años este conjunto de síntomas, categoriza la hipersensibilidad electromagnética igualmente como cualquier otra hipersensibilidad reconocida a estímulos de cualquier naturaleza, señalando en este caso las reacciones cutáneas y mucosas como las principales alarmantes.
Al realizar mediciones de cortisol plasmático como cuantificadores de los niveles de estrés, Selmaoui et al. (1997) presentan cuyos resultados indican la ausencia de cambios en el valor medido después de una exposición aguda a un campo magnético.
Kolonne-Rahm et al. (2000) examinaron a veinticuatro personas, afirmando tener síntomas de EHS, exponiéndolas a pantallas de radiación en situaciones de alto y bajo estrés. Luego de las presentaciones, se procedió al análisis integral de los sujetos expuestos, que incluyó análisis de sangre de niveles hormonales relacionados con el estrés (melatonina, prolactina, hormona adrenocorticotrópica, neuropéptido Y y hormona del crecimiento), análisis de expresión de diversos péptidos, marcadores celulares y citoquinas, así como análisis de biopsia de piel. La conclusión general del estudio es que los pacientes no responden a los campos donde estuvieron expuestos. Steuckenius y Brugger (2000) expresaron la opinión de que la hipersensibilidad electromagnética "refleja la tendencia humana a presuponer la conexión entre su propio estado orgásmico y variables (objetivamente no relacionadas) del entorno externo". Llegó a esta conclusión después de una investigación experimental realizada en cuarenta varones sanos. La variedad de interpretaciones de las causas y síntomas de la hipersensibilidad electromagnética se refleja en los resultados de las pruebas realizadas por Anttila (2000), quien cree que las causas de los síntomas se encuentran en el mundo de los hongos. Dado que las micotoxinas son biológicamente muy activas y los representantes productores de micotoxinas de los hongos imperiales se encuentran en los sistemas de ventilación y en otros lugares, el autor considera que estas son las verdaderas causas de las llamadas. EHS.
La hipersensibilidad electromagnética, que describe un conjunto de síntomas subjetivos, que van desde sensaciones desagradables hasta trastornos psicológicos, es extremadamente difícil de definir con precisión. Es decir, la falta de marcadores fisiopatológicos supone un obstáculo para el estudio y la definición precisa de este conjunto de trastornos. ¿Cómo se siente una debilidad general de los síntomas más comunes? Hillert et al. (2001) examinaron la naturaleza y posible etiología de este trastorno probando la hipótesis de cambios en la actividad de la colinesterasa como su causa. Tras los terceros sujetos de prueba, los autores no encontraron ninguna disminución significativa en los niveles de colinesterasa durante la manifestación más intensa de los síntomas investigados y concluyeron que la debilidad atribuida a los campos electromagnéticos no es física.
Los resultados de estudios comparativos en 14 pacientes con síntomas de EHS y 14 sujetos de control, durante los cuales siguieron tres parámetros: ECG, el número fue plano y variación de la frecuencia cardíaca durante 24 horas, no mostraron diferencias en los dos primeros parámetros monitoreados. En el tercer parámetro se observaron diferencias en la relación LF/HF (baja y alta frecuencia), que es mayor en personas con síntomas de EHS, lo que indica una mayor actividad simpática (Sandstrom et al., 2001).
Los estudios que sugieren la existencia de resultados de pruebas de hipersensibilidad electromagnética se interpretan con cautela expresada. Entonces Szemerszky et al. (2015) concluyen que las personas con síntomas de EHS pueden tener poca capacidad para detectar campos magnéticos. Eltiti et al. (2007) en un provocativo estudio examinaron la posibilidad de que la exposición breve a señales de estaciones base de telefonía móvil intensificara los síntomas de hipersensibilidad electromagnética. Aunque encontraron una relación subjetiva positiva (sensación personal de excitación, que no va acompañada de cambios fisiológicos mensurables), son propensos a sufrir efectos inducidos que no son atribuibles a la exposición a la radiación.
Como no se ha establecido un solo cuerpo que sea insensible a los campos electromagnéticos (Coghill, R. Galonja Coghill, T., 2000), la idea de que esta sensibilidad puede variar la intensidad, y que la evolución está destinada a salir del rango de la insignificancia biológica, es ilógica y absurda.
1. Anttila, K. (2000): Micotoxinas, hongos y “electrohipersensibilidad”, Medical Hypotheses, 55(3): 208-214
2. Bergquist, U. y Vogel, E. (eds.) (1997): Posibles implicaciones para la salud de los síntomas subjetivos y los campos electromagnéticos. Informe elaborado por el grupo europeo de expertos de la Comisión Europea, DG V. Arbete ach Halsa, 19
3. Coghill, R., Galonja-Coghill, T. (2000): Efecto protector de los campos eléctricos endógenos de un donante sobre la viabilidad de los linfocitos de sangre periférica humana, Biología y medicina electromagnética, 2000, Vol19, No. 1, 43-56
4. Eltiti, S., Wallace, D., Ridgewell, A., Zougkou, K., Russo, R., Sepulveda, F., Mirshekar-Syahkal, D., Rasor, P., Deeble, R., Fox, E. (2007): ¿La exposición a corto plazo a las señales de estaciones base de teléfonos móviles aumenta los síntomas en personas que reportan sensibilidad a campos electromagnéticos? Un estudio de provocación aleatorio, doble ciego., Environmental Health Perspectives, JSTOR: 1603-1608.
5. Graham, C., Hansson Mild, K., Cook, M.R. y Wood, A. (1998): Clinical Studies and Electromagnetic Hypersensitivity, EMF RAPID, Breakout Group Reports for Clinical and In Vivo Laboratory Findings, organizado por el NIEHS, 15-33
6. Hanssen Mild, K., Anneroth, G., Bergdahl, J. (1998): El-och bildskarmsoverkanslighet - en tvatvetenskaplig studie. Instituto Nacional para la Vida Laboral, Umea, Suecia. Informe de investigación
7. Hillert, L., Flato, S., Georgellis, A., Arnetz, B.B. y Kolmodin-Hedman, B. (2001): Enfermedad ambiental: fatiga y actividad de la colinesterasa en pacientes que reportan hipersensibilidad a la electricidad, Environmental Research 85(3): 200-206
8. James, G.R., Nieto-Hernandez, R., Wessely, S. (2010): Intolerancia ambiental idiopática atribuida a campos electromagnéticos (anteriormente 'hipersensibilidad electromagnética'): una revisión sistemática actualizada de los estudios de provocación., Bioelectromagnetics 31, no. 1 1.
9. Johansson, O. (2004): Electrohipersensibilidad: Observaciones en la piel humana de un impedimento físico, Simposio sobre electrosensibilidad en seres humanos, septiembre de 2004, Londres, CD abstracto, publicado por Coghill Research Laboratories
10. Johansson, O., Hilliges, M., Bjornhagen, V. y Hall, K. (1994): Cambios en la piel en pacientes que afirman sufrir de "dermatitis de pantalla": un estudio de provocación abierta de dos casos. Exp. Dermatol. 3: 279-285
11. Lonne-Rahm, S., Iersson, B., Melin, L., Schultzberg, M., Arnetz, B. y Berg, M. (2000): Provocación con estrés y electricidad de pacientes con "sensibilidad a la electricidad", Journal of Occupational and Environmental Medicine 42(5): 512-516
12. Palmquist, E., Claeson, A.-S., Neely, G., Stenberg, B., Nordin, S. (2014): Superposición en la prevalencia entre varios tipos de intolerancia ambiental., Revista internacional de higiene y salud ambiental 217, no. 4, 427-434.
13. Rea, W., Pan, Y., Fenyves, E., Sujisawa, I., Samadi, N. y Ross, G. (1991): Sensibilidad del campo electromagnético. Revista de Bioelectricidad 10:241
14. Roosli, M. (2008).: Exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia y síntomas no específicos de mala salud: una revisión sistemática. Medio ambiente Res 107:277–287.
15. Sandstrom, M., Mild, K.H., Hornsten, R. y Lyskov, E. (2001): Registro de ECG holter de 24 horas y monitorización paralela de la exposición al campo magnético ELF en personas con hipersensibilidad eléctrica percibida, libro de resúmenes, 23.ª reunión anual de BEMS: 34
16. Schrottner, J., Leitgeb, N., Hillert, L. (2007): Investigación de los umbrales de percepción de la corriente eléctrica de diferentes grupos de EHS. Bioelectromagnética 28:208–213.
17. Selmaoui, B., Lambrozo., J. y Touitou, Y. (1997): Funciones endocrinas en hombres jóvenes expuestos durante una noche a un campo magnético de 50 Hz. Un estudio circadiano de las hormonas pituitaria, tiroidea y adrenocortical. Ciencias de la vida 61(5): 473-486
18. Steuckenius, S. y Brugger, P. (2000): Electrosensibilidad percibida e ideación mágica, Perceptual and Motor Skills 90(3): 899-900
19. Szemerszky, R., Gubányi, M., Árvai, D., Dömötör, Z., Köteles, F. (2015): ¿Existe una conexión entre electrosensibilidad y electrosensibilidad? Un estudio de replicación. Revista internacional de medicina conductual (2015): 1-9.
HIPERSENSIBILIDAD ELECTROMAGNÉTICA
Prof.PhD Tamara Galonja Coghill; Profesor, Facultad de Economía y Gestión de Ingeniería FIMEK-Novi Sad; Repúblicas Serbia
La hipersensibilidad electromagnética ("intolerancia ambiental idiopática", Rubin et al., 2010) se caracteriza por síntomas subjetivos después de la exposición a eventos eléctricos (Palmquist et al., 2014). Estos síntomas son diversos y hasta el momento no ha sido posible clasificarlos con precisión respecto a las características de los campos que los causan (Roos, 2008).
El umbral y el tipo de reacciones a diferentes estímulos son características individuales de los sistemas biológicos (schröttner et al, 2007). En el caso de la hipersensibilidad electromagnética humana, se trata de síntomas subjetivos, que se manifestarán en determinadas personas al utilizar o estar cerca de todos los aparatos eléctricos (Graham et al., 1998). Los síntomas más típicos son erupción cutánea, modificación de las funciones del sistema nervioso, dolor de cabeza, ansiedad, neurastenia (Bergquist y Vogel, 1997).
Hasta la fecha se han realizado más pruebas en personas provocativas con EHS (síndrome de hipersensibilidad electromagnética - síndrome de hipersensibilidad solenoide). Los primeros estudios se guiaron principalmente por la idea de confirmar la existencia de EHS. Se trata de estudios pioneros de Rea et al. (1991) encontraron resultados positivos en sólo el 16% de los encuestados. Por otro lado, Johansson et al. (1994) crearon un experimento en el que dos sujetos (cambios en la piel asociados con la radiación) se colocaron frente a una pantalla de televisión. Los resultados de la biopsia mostraron que al final del período de provocación las células positivas para la somatostatina desaparecieron. Después de las pruebas y los aspectos psicosociales de 20 pacientes neurofisiológicos con EHS, Hanssen Mild et al. (1998) concluyeron que el problema multifactorial de EHS.
Johansson (2004), quien con un equipo de colaboradores del Instituto Karolinska investiga desde hace varios años este conjunto de síntomas, categoriza la hipersensibilidad electromagnética igualmente como cualquier otra hipersensibilidad reconocida a estímulos de cualquier naturaleza, señalando en este caso las reacciones cutáneas y mucosas como las principales alarmantes.
Al realizar mediciones de cortisol plasmático como cuantificadores de los niveles de estrés, Selmaoui et al. (1997) presentan cuyos resultados indican la ausencia de cambios en el valor medido después de una exposición aguda a un campo magnético.
Kolonne-Rahm et al. (2000) examinaron a veinticuatro personas, afirmando tener síntomas de EHS, exponiéndolas a pantallas de radiación en situaciones de alto y bajo estrés. Luego de las presentaciones, se procedió al análisis integral de los sujetos expuestos, que incluyó análisis de sangre de niveles hormonales relacionados con el estrés (melatonina, prolactina, hormona adrenocorticotrópica, neuropéptido Y y hormona del crecimiento), análisis de expresión de diversos péptidos, marcadores celulares y citoquinas, así como análisis de biopsia de piel. La conclusión general del estudio es que los pacientes no responden a los campos donde estuvieron expuestos. Steuckenius y Brugger (2000) expresaron la opinión de que la hipersensibilidad electromagnética "refleja la tendencia humana a presuponer la conexión entre su propio estado orgásmico y variables (objetivamente no relacionadas) del entorno externo". Llegó a esta conclusión después de una investigación experimental realizada en cuarenta varones sanos. La variedad de interpretaciones de las causas y síntomas de la hipersensibilidad electromagnética se refleja en los resultados de las pruebas realizadas por Anttila (2000), quien cree que las causas de los síntomas se encuentran en el mundo de los hongos. Como las micotoxinas son biológicamente muy
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activas, unas micotoxinas productoras de representantes de los hongos imperiales presentes en los sistemas de ventilación y otros lugares, el autor considera que las verdaderas causas del llamado EHS.
La hipersensibilidad electromagnética, que describe un conjunto de síntomas subjetivos que van desde una sensación desagradable hasta Los trastornos psicológicos son extremadamente difíciles de definir con precisión. En otras palabras, la falta de marcadores fisiopatológicos es un obstáculo para realizar pruebas y definir con precisión este conjunto de trastornos. Los resultados de estudios comparativos en 14 pacientes con síntomas de EHS y 14 sujetos de control, durante los cuales siguieron tres parámetros: ECG, el número fue plano y variación de la frecuencia cardíaca durante 24 horas, no mostraron diferencias en los dos primeros parámetros monitorizados. En el tercer parámetro se observaron diferencias en LF/HF (baja y alta frecuencia). relación, que indica una mayor actividad simpática (Sandstrom et al., 2001) examinaron la posibilidad de que la exposición breve a señales de telefonía móvil intensifique los síntomas de hipersensibilidad electromagnética. Aunque encontraron una relación positiva subjetiva (sensación personal de excitación, que no está acompañada de cambios fisiológicos mensurables), son propensos a efectos inducidos que no son atribuibles a la exposición a la radiación. destinado a salirse del rango de insignificancia biológica 1. Micotoxinas, hongos y "electrohipersensibilidad", 55(3): 208-214 2. (1997): Posibles implicaciones para la salud de los síntomas subjetivos y los campos electromagnéticos, DG V. Arbete ach Halsa, 19
3. Ridgewell, A., Sepulveda, F., Mirshekar-Syahkal, D., Rasor, P., Deeble, R., Fox, E. (2007): ¿La exposición a corto plazo a las señales de las estaciones base de teléfonos móviles aumenta los síntomas en personas que reportan sensibilidad a los campos electromagnéticos?, Environmental Health Perspectives, JSTOR: 1603-1608
2B OR NOT 2B – PANDORA'S. CAJA”
5. Graham, C., Hansson Mild, K., Cook, M.R. y Wood, A. (1998): Clinical Studies and Electromagnetic Hypersensitivity, EMF RAPID, Breakout Group Reports for Clinical and In Vivo Laboratory Findings, organizado por el NIEHS, 15-33
6. Hanssen Mild, K., Anneroth, G., Bergdahl, J. (1998): El-och bildskarmsoverkanslighet - en tvatvetenskaplig studie. Instituto Nacional para la Vida Laboral, Umea, Suecia. Informe de investigación
7. Hillert, L., Flato, S., Georgellis, A., Arnetz, B.B. y Kolmodin-Hedman, B. (2001): Enfermedad ambiental: fatiga y actividad de la colinesterasa en pacientes que reportan hipersensibilidad a la electricidad, Environmental Research 85(3): 200-206
8. James, G.R., Nieto-Hernandez, R., Wessely, S. (2010): Intolerancia ambiental idiopática atribuida a campos electromagnéticos (anteriormente 'hipersensibilidad electromagnética'): una revisión sistemática actualizada de los estudios de provocación., Bioelectromagnetics 31, no. 1 1.
9. Johansson, O. (2004): Electrohipersensibilidad: Observaciones en la piel humana de un impedimento físico, Simposio sobre electrosensibilidad en seres humanos, septiembre de 2004, Londres, CD abstracto, publicado por Coghill Research Laboratories
10. Johansson, O., Hilliges, M., Bjornhagen, V. y Hall, K. (1994): Cambios en la piel en pacientes que afirman sufrir de "dermatitis de pantalla": un estudio de provocación abierta de dos casos. Exp. Dermatol. 3: 279-285
11. Lonne-Rahm, S., Iersson, B., Melin, L., Schultzberg, M., Arnetz, B. y Berg, M. (2000): Provocación con estrés y electricidad de pacientes con "sensibilidad a la electricidad", Journal of Occupational and Environmental Medicine 42(5): 512-516
12. Palmquist, E., Claeson, A.-S., Neely, G., Stenberg, B., Nordin, S. (2014): Superposición en la prevalencia entre varios tipos de intolerancia ambiental., Revista internacional de higiene y salud ambiental 217, no. 4, 427-434.
13. Rea, W., Pan, Y., Fenyves, E., Sujisawa, I., Samadi, N. y Ross, G. (1991): Sensibilidad del campo electromagnético. Revista de Bioelectricidad 10:241
14. Roosli, M. (2008).: Exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia y síntomas no específicos de mala salud: una revisión sistemática. Medio ambiente Res 107:277–287.
15. Sandstrom, M., Mild, K.H., Hornsten, R. y Lyskov, E. (2001): Registro de ECG holter de 24 horas y monitorización paralela de la exposición al campo magnético ELF en personas con hipersensibilidad eléctrica percibida, libro de resúmenes, 23.ª reunión anual de BEMS: 34
16. Schrottner, J., Leitgeb, N., Hillert, L. (2007): Investigación de los umbrales de percepción de la corriente eléctrica de diferentes grupos de EHS. Bioelectromagnética 28:208–213.
17. Selmaoui, B., Lambrozo., J. y Touitou, Y. (1997): Funciones endocrinas en hombres jóvenes expuestos durante una noche a un campo magnético de 50 Hz. Un estudio circadiano de las hormonas pituitaria, tiroidea y adrenocortical. Ciencias de la vida 61(5): 473-486
18. Steuckenius, S. y Brugger, P. (2000): Electrosensibilidad percibida e ideación mágica, Perceptual and Motor Skills 90(3): 899-900
19. Szemerszky, R., Gubányi, M., Árvai, D., Dömötör, Z., Köteles, F. (2015): ¿Existe una conexión entre electrosensibilidad y electrosensibilidad? Un estudio de replicación. Revista internacional de medicina conductual (2015): 1-9.