Bloqueos mentales y escudos físicos: el fenómeno de neutralización de la radiación
La capacidad de bloquear y detener completamente la radiación subterránea ha sido uno de los mayores enigmas en esta área durante décadas. El cisma entre las sólidas barreras físicas y el increíble poder de la autosugestión humana amplía constantemente los límites de la comprensión de este fenómeno.
Experimentos con obstáculos físicos en el campo.
La cuestión de si es posible neutralizar los flujos de radiación subterráneos ya está presente en la literatura profesional más antigua. Los primeros investigadores distinguidos afirmaron que la radiación podría "apagarse" simplemente colocando objetos de hierro directamente en la dirección del flujo. Para probar esta afirmación en la práctica, se llevaron a cabo una serie de rigurosos experimentos de campo. Al colocar una barra de hierro sobre un flujo subterráneo previamente detectado, los instrumentos de medición (como las horquillas) se quedarían completamente quietos al pasar sobre ese punto, lo que llevaría a la conclusión lógica de que el flujo se ha bloqueado con éxito. Al retirar el objeto, los instrumentos comenzarían a responder nuevamente a la radiación.
Sin embargo, análisis más profundos y repeticiones del procedimiento revelaron un mecanismo de acción extremadamente inusual. Se ha observado que si un examinador coloca un objeto como bloqueo, sus instrumentos no detectarán la radiación incluso cuando otra persona retire físicamente el mismo objeto. La lectura se devolvió al instrumento sólo cuando el obstáculo fue eliminado únicamente por la persona que lo colocó. De ahí se derivó una regla completamente inesperada: el bloqueo establecido conserva su influencia sobre quien lo impone, hasta que ese mismo lo anula conscientemente.
La importancia de la fuerza material frente a la mental
Otras pruebas demostraron que el tipo de material aplicado no es determinante para la formación de la protección. Se han logrado efectos de bloqueo idénticos utilizando trozos de madera (como el mango de una escoba), una simple hoja de peral e incluso muestras biológicas como cabello humano. Cada uno de estos objetos pareció detener la respuesta del instrumento de medición.
El interés de los materiales biológicos se reflejó en una característica específica: si se usaba el cabello de otra persona para el bloqueo, el bloqueo desaparecería en el momento en que el dueño de ese cabello lo levantaba físicamente del suelo, cancelando así el efecto independientemente de la voluntad del examinador principal. Estos experimentos llevan claramente a la conclusión de que el proceso de bloqueo no es exclusivamente de naturaleza física, sino predominantemente de naturaleza mental.
La autosugestión y el papel de un examinador independiente.
La práctica pronto demostró que operadores capacitados podían colocar los llamados "bloqueos" únicamente con un movimiento de la mano en el aire, sin ningún objeto físico en el suelo. Con mayores avances, se descubrió que se lograba el mismo efecto únicamente dirigiendo la mirada y concentrando la atención mental. Una vez establecido un bloqueo mental, podía persistir durante horas, sobreviviendo al cambio de día y de noche, hasta que se deshacía consciente y visualmente.
Sin embargo, la paradoja clave y el desmentido de este fenómeno se produciría con la llegada de expertos independientes al tema. Mientras que los instrumentos de quien "colocó" su bloqueo mental no reaccionaron en absoluto sobre el curso de agua, los otros operadores recién llegados encontraron ese mismo curso de agua subterráneo con facilidad, sin ninguna interferencia. Este desenmarañamiento lleva a la conclusión culminante: En realidad, el operador no bloquea el flujo real de radiación de la Tierra, sino que únicamente, mediante una fuerte autosugestión, bloquea la reacción de su propio instrumento. La radiación permanece permanentemente presente, mientras que sólo se bloquea la sensibilidad personal de la persona que cree haber establecido la protección.
Hasta la fecha, la literatura científica no ha explicado completamente este poder de sugestión subconsciente sobre los reflejos musculares que mueven los instrumentos. En numerosos centros especializados donde se reúnen investigadores se presta especial atención precisamente al esclarecimiento de este fenómeno psicológico y todavía se esperan resultados científicos completos.
Intentos históricos de neutralización masiva del terreno.
La idea del bloqueo permanente y masivo de la radiación patógena existe desde los años veinte del siglo pasado. El conocido experto alemán Gustav Freiherr von Pohl patentó en 1928 un dispositivo direccional especial que se instalaba en los sótanos de los edificios residenciales para cortar la radiación negativa.
Insatisfecho con el alcance local de protección de una casa, amplió radicalmente su investigación. Se destacó que logró un supuesto éxito en la supresión de la radiación en áreas abiertas de tres kilómetros cuadrados, y un mes y medio después en un territorio mayor a cinco kilómetros cuadrados, para finalmente abarcar un área de doce kilómetros cuadrados. Su mayor empresa fue la "ventilación" de todo el casco urbano de una ciudad alemana. Los planes finales incluían el diseño de una gigantesca estación que cubriría un área con un diámetro de más de 200 kilómetros. Lamentablemente, la falta de recursos económicos, la imposibilidad de encontrar un espacio adecuado para la monumental estación y poco después la muerte del innovador, suspendieron definitivamente este proyecto.
Aunque ha pasado más de medio siglo desde estos experimentos revolucionarios, no hay información en la literatura oficial sobre emprendimientos masivos similares, pero sigue abierta la posibilidad de que las generaciones modernas logren continuar y coronar este sueño tecnológico inconcluso.