Análisis de radiestesia del tracto urinario y reproductor femenino.
Una evaluación sistemática del estado de los riñones, el tracto urinario y los órganos del sistema reproductor femenino es un segmento extremadamente importante del análisis de radiestesia. Una comprensión precisa de la estructura permite detectar posibles bloqueos y procesos inflamatorios.
A) Riñones (Renes)
El riñón derecho (Ren dexter) está ubicado anatómicamente unos 3 centímetros más bajo que el riñón izquierdo (Ren siniestro). Dentro de cada riñón hay entradas para las venas, arterias, fibras nerviosas vegetativas y el uréter, mientras que todo el tejido está protegido por una capa conectiva y grasa. La estructura del tejido renal consta de la médula (Cortex renis) con 10 a 12 pirámides renales (Pyramides renales) y copas renales (Pelvis renales).
Nefronas y complejidad estructural.
La unidad funcional básica del riñón está representada por las nefronas (alrededor de un millón de ellas en cada riñón) y están formadas por el corpúsculo renal y los uréteres. Los túbulos contorneados se fusionan en conductos colectores, conduciendo la orina a través de los cálices hasta la pelvis renal y más allá del uréter. La complejidad del sistema queda ilustrada por el hecho de que un solo riñón contiene unos diez kilómetros de tubos urinarios.
Posibles enfermedades: Inflamaciones agudas y crónicas, uremia, cambios degenerativos (coquización, nefrosis, prolapso renal), cálculos renales, arena o tuberculosis.
Durante el examen, la atención se dirige primero al riñón derecho y luego al izquierdo. Si el péndulo muestra desviaciones en toda su longitud (incluidas la pelvis y el meato renal), es necesario comprobar si se trata de un riñón bajado congénitamente o extirpado quirúrgicamente. La presencia de cálculos renales punzantes en la pelvis o en la entrada del uréter suele manifestarse mediante dolor intenso y daño tisular, que requiere intervención médica inmediata.
B) Uretra y vejiga urinaria (Vesica urinaria)
Tractos urinarios: Conductos que transportan la orina desde los riñones hasta la vejiga y hacia afuera. La inflamación de estos tractos es común y generalmente sigue a problemas con la pelvis renal, por lo que el examen del uréter siempre se realiza como parte del análisis de todo el tracto urinario.
Vejiga: Representa un depósito muscular para recoger la orina, cuyo vaciado está controlado por el sistema nervioso central. La inflamación (más común en mujeres) puede extenderse hacia los uréteres y los riñones si no se trata a tiempo. También pueden aparecer crecimientos benignos, como pólipos, en la vejiga, con el potencial de convertirse en tumores malignos. El examen de radiestesia permite conocer el estado general de los órganos y la localización de crecimientos previamente diagnosticados.
C) Órganos reproductores femeninos: trompas de Falopio, útero y canal del parto.
Trompas de Falopio (Tubae) con ovarios: Pertenecen al tracto genital femenino y se examinan como parte de un análisis general del sistema reproductivo, además de determinar el estado de salud de las trompas de Falopio izquierda y derecha.
Útero: Al examinar el útero, se debe tener en cuenta la posibilidad de que el órgano esté anatómicamente doblado o torcido (lo cual es común después del parto), mientras que los ovarios y el estado hormonal pueden ser completamente normales. Se presta especial atención al cuello uterino, donde son más comunes las enfermedades, quistes u otros cambios. Cualquier anomalía requiere un examen ginecológico obligatorio.
Género (Vagina): El análisis se realiza mediante concentración mental o con la ayuda de un atlas anatómico. Las posibles desviaciones en la radiación suelen indicar procesos inflamatorios causados por un cambio en la flora vaginal, que también requiere tratamiento ginecológico profesional.
Una nota importante para los profesionales.
Todas las irregularidades observadas en el tracto urinario y reproductivo sirven exclusivamente como datos de orientación preliminares. El zahorí no tiene autoridad para hacer diagnósticos finales, pero está obligado a derivar al paciente con cuidado y prontitud a un médico especialista (urólogo o ginecólogo) para un examen clínico y tratamiento adicionales.