Radiestesia y ciencia: razones para el no reconocimiento, ética y mirada al futuro
Durante siglos, la relación entre la ciencia oficial y la radiestesia ha estado marcada por la duda, la cautela y la falta de evidencia material sólida. A pesar de los impresionantes resultados de campo de los mejores profesionales, cruzar la frontera y entrar en el auspicio de disciplinas académicas reconocidas requiere el cumplimiento de condiciones estrictas.
¿Por qué la ciencia todavía rechaza la radiestesia?
Las razones por las que la comunidad científica oficial nunca ha reconocido la radiestesia como disciplina científica oficial son bastante claras y lógicas. Ya en 1531, el profesor universitario Kirchner realizó experimentos pioneros para determinar si los tenedores se mueven debido a una simpatía invisible, es decir, a una atracción hacia el objeto deseado. En aquella ocasión demostró que los instrumentos permanecen completamente quietos si se colocan sobre un soporte estable sin contacto con el cuerpo, y giran exclusivamente en las manos del propio operador. Ya entonces surgió la sospecha de que el movimiento de las herramientas lo provoca en realidad la persona que las sostiene, independientemente de si posee o no habilidades especiales.
Hasta hoy, la horca y la plomada se han probado con una amplia variedad de aparatos de laboratorio, pero ningún instrumento ha podido registrar y explicar la causa física de su movimiento. Un problema adicional es la acumulación de no profesionales sin verdaderas inclinaciones, cuyos fallidos resultados de campo han reforzado aún más el escepticismo de los científicos. Aunque en el pasado se han llevado a cabo numerosas pruebas con zahoríes ingeniosos y extremadamente exitosos (como Aymar, Bleton, Mermet y otros) cuya precisión fue asombrosa, la ciencia no puede confiar únicamente en el éxito estadístico sin la verificación mediante dispositivos de medición estándar y el establecimiento de condiciones estrictamente controladas. Además, el hecho de que los instrumentos se comporten de manera diferente incluso en manos de los expertos más reconocidos dificulta aún más su estandarización.
Enfoque problemático, charlatanería y ética en el trabajo.
Una gran parte de la resistencia del público científico radica en la forma en que actúan los zahoríes individuales. A menudo se pueden escuchar declaraciones en las que los practicantes seguros de sí mismos afirman categóricamente: "¡En ese lugar exactamente está fulano de tal!" En lugar de un tono tan excluyente y pseudocientífico, un enfoque más apropiado sería: "Sería recomendable realizar investigaciones detalladas en ese lugar para verificar la existencia de ciertos recursos".
El diagnóstico de salud es un área particularmente sensible. Suele suceder que un autoproclamado experto con un alto coeficiente de sensibilidad a la radiestesia afirme que el paciente tiene el bazo enfermo, sin saber exactamente en qué parte del cuerpo humano se encuentra ese órgano, ni conocer la anatomía básica. Este tipo de acciones causan enormes daños a la profesión, ponen en peligro a las personas y rozan la charlatanería. El zahorí no tiene derecho a hacer diagnósticos; su función puede reducirse exclusivamente a registrar alteraciones en el campo energético y derivar al cliente a un examen por parte de un médico especialista, dado que la medicina moderna dispone de dispositivos de diagnóstico modernos y fiables.
Ingeniería de modestia y expectativas realistas.
Los investigadores experimentados y concienzudos nunca parten del supuesto de una infalibilidad absoluta. Hay innumerables factores impredecibles en la atmósfera y el suelo que pueden afectar los resultados, por lo que la tasa de éxito en la práctica es realista entre el 80 y el 90 por ciento. Cada terreno exige la máxima vigilancia, la conciencia de las propias limitaciones y la comprobación constante de los datos.
La perspectiva y el futuro de la radiestesia
En los países más desarrollados ya existen institutos especializados que se ocupan del estudio de estos fenómenos, en los que, además de las leyes físicas, juegan un papel dominante factores psicológicos complejos. La teoría de la resonancia y los círculos vibratorios parece ser la explicación lógica más cercana, pero la ciencia todavía está esperando la invención de dispositivos de medición que cuantifiquen con precisión la fuerza de la radiación radiestesia y así crucen el umbral que abre las puertas de las instituciones académicas.
Sin embargo, la radiestesia ha sobrevivido a épocas oscuras de persecución y prohibiciones a lo largo de su turbulenta historia, para ser hoy más fuerte y más extendida que nunca. Al igual que la acupuntura, que necesitó un largo período de tiempo para ganarse su lugar en los auspicios de la medicina oficial, la radiestesia se acerca cada día, lenta pero seguramente, a su reconocimiento científico definitivo.